El lunes 5 de septiembre algo pasaba en Santiago, no era el típico lunes de flojera y caras de cansancio (para algunas personas); estaba la Calle 13 por acá, en intersección a la Elipse del Parque O’higgins. Toda persona que se encontró con esa esquina entró a la ex Arena Santiago y fue partícipe de la fiesta de locos; yo estuve en la fiesta, Calle 13 en Chile (Santiago 1).
Antes que empezara la fiesta la gente estaba prendida, hace tiempo no veía una ola en algo que no fuera un partido de la roja (jaja). Se bajaron las luces y sale un video, una precaución al espectador, luego, instrucciones para hacer un artefacto explosivo. Un conteo de sesenta segundos, y la histeria de la espera le pegó a todos. Minuto cero; empieza a sonar Baile de los pobres y todos a saltar/bailar, No hay nadie como tú hizo la misma, y para rematar estaba Vamo’ a portarnos mal. El Arena se prendió y no se apagaba con nada.
Una pausa de canciones y se vinieron las primeras palabras de Residente, ¿y qué gritaba la gente?: ‘y va caer, y va caer…’. Así partió el discurso de la noche, el primer afectado: la farándula ¿moraleja? Si te la topas, apaga la tele ¿qué tema le puso el René-Rumpi? Ven y critícame. Siguiente tema dedicado, Beso de desayuno ¿a quién? A todas las muchachas bonitas. Ahí llevaba una media hora, y la muestra de la calidad musical estaba de sobra; varios solos iban dando a conocer a toda la Calle 13.
Se vino la vieja escuela y algunos (varios) se quedaron colgados. Primero sonó Se vale to, y para acompañar la tirada reguetonera con contenido siguió Hormiga brava. Nuevamente la música parada y vamos con otra dedicación, esta vez para Manuel Gutierrez y Facundo Cabral ¿tema? La bala. Después se vino Pal norte. Una oleada más de reguetón con Suave y Chullin (chun fly). Y para seguir el bacile siguió La cumbia de los aburridos.
Se las dieron de bomberos y apagaron el Arena para un minuto de silencio por todos los afectados en el accidentede Juan Fernández, acto que muchos valoramos como noble. Un minuto en esa cúpula lleno de silencio ¿lo imaginas? Yo lo sigo imaginando, porque lo vivimos entre uno a dos segundos (con suerte). Varios de los que piden educación gratis y de calidad carecen de respeto, que entra (en parte) en una educación básica (como de segundo-tercero, eso de los valores y etcétera) ¿curioso?...
Se vino la primera sorpresa en la noche, el primer artista invitado, ¿quién? Kevin Johansen aportando en la guitarra, mientras Liniers pintaba en la volá’ máxima un lienzo. Los sonidos polinésicos llenaron el lugar con Muerte en Hawaii. La siguió El hormiguero, y después otra dedicación más, el turno fue para La perla con su canción homónima. Siguió el show con Tango del pecado para prender y seguir con Atrévete. Hasta ahí sería la cosa, toda la banda se presentó con sus respectivos solos y toda la onda centroamericana, una noche prendida donde todos saltaron, gritaron, bailaron y disfrutaron.
¿Hasta ahí? Nah’, la típica para descansar un minuto. Se subieron nuevamente al escenario y quedaban las últimas sorpresas de la noche, no sería solamente la Calle 13 quien se toma el escenario. Primero fue la vocería de la Confech y los secundarios; entre gritos de rica, pifias por allá, aplausos y gritos varios, agradecieron todo el tiempo de movilización y aguante hasta conseguir algo concreto y no parches. La dedicación fue para todos los estudiantes chilenos y puertorriqueños; Calma pueblo.
Hasta ahí se pensaba que no habrían más sorpresas, pero no. Quedaba la última (para mí, la mejor). Arriba se vino Inti-illimani, Camila Moreno, y Beatriz Pichi Malen; así Latinoamérica tomó forma. Fue la canción que más hondo (creo) caló en las personas que estuvimos ahí, y la que más fuerte llega a toda persona que la esencia de ésta parte del continente logra captar. Para quemar el lugar se vino Fiesta de locos. Todos a saltar y sacar el último aliento.
Ahí sí, se acabó. Dos horas veinte minutos aproximadamente de música, discursos, y energía. El lugar estaba completo, pero no estuvimos apretados. Fueron veinte temas bien interpretados, con buenas improvisaciones y solos; la Calle 13 mostró todo el vecindario. Demostraron que la banda tiene una versatilidad enorme para tocar en vivo y que ese formato es mejor que el digital; y que el público al que llegan es transversalmente variado en cuanto a edad (habían desde 10 hasta 40 y tantos años); y también que el lunes habían más mujeres (se notaba al momento de escuchar el griterío, jaja).
De acá no sé hasta cuándo habrá que esperar para que la Calle 13 se presente nuevamente en Chile. Quizá lo hagan con un disco nuevo. Quizá sería bueno verlos en Lolla del próximo año, no sé, pero creo yo que están para subirse a festivales por una o más horas. Como sea, siempre serán bienvenidos por estas tierras.
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