lunes, 15 de agosto de 2011

Yo estuve en Shaila, sus 17 años (Santiago)



El sábado seis de agosto fue la fecha escogida para que los trasandinos de Shaila se tomaran nuevamente los escenarios, esto en el marco de la celebración de sus 17 años como banda. Cuatro fechas destinadas para rememorar su carrera, dos en Argentina y dos en Chile. Santiago fue el lugar elegido para que la celebración tomara forma, y lo que viene ahora es el recuerdo de ese día, ese Yo estuve en Shaila, sus 17 años.

El show de Santiago estaba marcado por la cantidad de bandas invitadas: Ventura, Super Knockers, 20 CM, Nosindependencia, Sin Perdón, y Dead Fish. Cuando llegué al 334 ya habían tocado unas cuantas bandas y el turno era de Nosindependencia; su presentación prendió unos cuantos mosh, la gente respondió y demostraron que son una carta vigente de las bandas hardcore-punk chilenas. Pese a esa vigencia, a mi parecer, es una banda que se encuentra estancada, que no tiene mayor variedad que ofrecer, esa percepción quizá es porque poco los conozco.

El turno siguiente fue para Sin perdón, y de las bandas chilenas que tocaron (y de las que vi) ese sábado, a mi juicio, ellos fueron los más sólidos. Con sus últimos temas se quitaron (en parte) ese cartel de banda emo que la gente les puso por ahí entre el 2004 y 2005. Aunque no vi la presentación completa, los escuchaba igual; son acoplados y hacen responder a la gente. Si presentan nuevas canciones quizá los veamos en escenarios importantes fuera de Chile.

De las todas las bandas que se presentaron ese día, los más célebres (aparte de Shaila) fueron los brasileños Dead Fish. Poco y nada los conocía, como muchos otros ese día, iba por los argentinos. Igual vi el show completo: su sonido era notable, los tipos tocaban bien en conjunto y no había uno que sobresaliera. En casi todas sus canciones se formaba el círculo para moshear sin necesidad que el vocalista hiciera el gesto con la mano. Dieron sus cuantos mensajes, pero faltaron los subtítulos en directo (jaja). Estuvieron sus buenos minutos en el escenario y no aburrían a la gente. Aún no escucho algo de estudio para hacer las diferencias, pero prefiero quedarme con su sonido en vivo.

Después de todas esas bandas, y ocho meses sin tocar, por fin salía Shaila al escenario: su presentación partió enérgica, y desde un principio se mostró ese gusto que tiene la banda por el contacto con el público, esa necesidad que tienen por escuchar la voz de la gente. La elección de Santiago como inicio de sus 17 años no fue al azar, fue la representación de lo importante que es para ellos la voz de los chilenos, público que los ha acompañado a lo largo de (casi) toda su trayectoria.

El set-list que iban mostrando era una repasada a todo lo que ha sido su carrera. La gente no bajaba la voz, no bajaba los brazos: seguíamos cantando, gritando, saltando, mosheando, a las finales, disfrutando. En cada canción había una lluvia de patadas, gente que se dejaba llevar por la marejada que hacían las manos, incluso, Joaquín (vocalista) se dejó llevar al público en unas cuantas –varias– ocasiones. Como era de esperar, los temas iban acompañados del discurso de la banda, ese discurso político-social que acompaña sus letras, unos cuantos mensajes de apoyo al movimiento estudiantil que vive nuestro país y otras cuantas dedicaciones varias.

Musicalmente, su sonido es de un nivel elevado, demuestran en escena los 17 años juntos, y pasa por alto los ocho meses sin tocar –y de distanciamiento dentro de la banda–. De todas sus visitas a Chile, no había tenido la oportunidad de verlos en vivo, siempre me quedaba con las ganas, pero desde el sábado pasado que los pude ver comprendí que su mejor formato es ese .live; las guitarras se complementan, la batería te hace llevar el ritmo con la cabeza y el bajo no se pierde –como suele pasar en melodías hc-punk–, y la voz no pierde presencia, se hace más fuerte con la voz del público y no hubo pérdida alguna en cada canción que interpretaron. Lograron esa versatilidad al tocar temas pegados, con distintas variaciones al empezar o alargar el final de alguna canción.

Como señalé anteriormente, la lista de canciones recorrió ampliamente su carrera. Quizá el gran ausente de esa noche santiaguina fue Valparaíso, canción que muchos la pedimos, pero que no estaba en la lista para ese sábado. Fue una hora y media, quizá un poco más; fue un concierto, recital, show, como lo quieras llamar, en donde la energía, disposición, reciprocidad banda-público, la solvencia, y el recibimiento a los del otro lado de la cordillera como si fueran oriundos de éstas tierras, se presenció de principio a fin. Fue una entrega constante que sólo arrojaba aplausos y gracias.

Espero no se pierdan de los escenarios santiaguinos, y la consigna de Latinoamérica nos está quedando chica logre tomar eco y lleguen a escenarios regionales, y sus buenas letras lleguen a buena parte del globo. A esperar también si se materializan unos cuantos temas nuevos, cualquier novedad estará acá con su pertinente review.

(más videos en http://www.youtube.com/user/seafavreau)



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