Chile se aburrió de esperar, se aburrió de los cuoteos, de las promesas no cumplidas, de las corrupciones, de las injusticias, de las desigualdades y de los defensores de un sistema que sólo potencia todo eso.
También nos dimos cuenta que no se puede aceptar que la representación del presidente del poder ejecutivo llegue a un 26% y que termine su período llevando al país por un camino que la gente no respalda.
Muchos han levantado la idea de llevar a cabo un plebiscito para resolver los desacuerdos. Sin duda es una válida opción, pero, a mi modo de ver, ese no es el camino tampoco. Como ciudadanos democráticamente damos valor a instituciones que deben velar por que la representación se cumpla y esta herramienta de participación cívica pasa por encima de toda institución. No podemos estar llamando a plebiscito para todo porque eso hablaría muy mal de la política chilena. Y no me refiero a los políticos en sí mismos, me refiero a la forma en que se hace política en el país, desde la junta de vecinos hasta el gobierno.
Sin embargo, hay un plebiscito que no podemos desestimar, ese es el plebiscito revocatorio. No debemos olvidar que Sebastían Piñera es un empleado público más, y que si un empleado cualquiera tiene en su trabajo un 26% de aprobación simplemente se le despide. ¿Estamos dispuestos a permitir que se cumpla un período completo al mando de un grupo de personas que no representan a la mayoria? Definitivamente Chile necesita una medida de control mucho más poderosa que los paros y las marchas. Eso requiere que participemos todos, jovenes y viejos, de izquierda y de derecha. Y más importante aún, requiere que participemos siempre, cada cuatro años no es suficiente.

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