Hoy Sebastián Piñera está escribiendo su historia como presidente. Hasta el momento ha habido dos grandes hechos que lo destacarán sobre otros en las memorias de Chile: ser el líder del gobierno que rescató con eficiencia a 33 mineros vivos desde la mina San José y ser el presidente del 26%, la aprobación más baja de un mandatario desde el regreso a la democracia.
Sin embargo, existen dos grandes elementos que podrían cambiar todo lo que quede de su paso por la moneda:
Educación: Si Sebastían Piñera no hace nada, el resultado es sencillo, será un presidente de aporte mínimo. Nada muy diferente a otros presidentes de la concertación. Pero si hace los cambios necesarios, se junta con los estudiantes, crea las instancias de participación necesarias y en definitiva adopta las consignas ciudadanas como bandera de lucha personal se convertirá en el presidente que cambió la educación en Chile. Un titulo que conservará por siempre en los anales de la historia de nuestro país.
Impuestos: Hay un impuesto en particular que los expertos dicen es necesario eliminar para empezar a caminar en el ansiado camino a la igualdad. Ese es el impuesto a los combustibles.
El impuesto a la bencina es un impuesto que se instauró para recolectar fondos de reconstrucción de carreteras y caminos después del terremoto del 85'. Hoy ese impuesto está obsoleto y la verdad se ha convertido en un castigo más que en un aporte. ¿Por qué? Muy fácil. Si la bencina está cara, no sólo sale caro andar en auto, también sale caro el transporte publico, el pan y todos los alimentos suben porque su traslado se hace más caro, los servicios en general suben por sus costos de operación, etcétera. Todo sube porque en algún punto de su producción todo usa bencina y eso a la larga perjudica y castiga con especial violencia a la clase media que es la gran fuerza consumidora de este país.
Como dije, el actual presidente tiene todas las herramientas para hacer de su período una etapa brillante, pero hasta ahora se ha convertido en una etapa de un nivel paupérrimo. Que no se conecta con las demandas de la gente y no representa al electorado que le dio su confianza. Yo no voté por él, pero por el bien de Chile, espero que recapacite y convierta este país, tal y como lo prometió, en un país lleno de oportunidades para la clase media y sin desigualdades.
Chile se aburrió de esperar, se aburrió de los cuoteos, de las promesas no cumplidas, de las corrupciones, de las injusticias, de las desigualdades y de los defensores de un sistema que sólo potencia todo eso.
También nos dimos cuenta que no se puede aceptar que la representación del presidente del poder ejecutivo llegue a un 26% y que termine su período llevando al país por un camino que la gente no respalda. Muchos han levantado la idea de llevar a cabo un plebiscito para resolver los desacuerdos. Sin duda es una válida opción, pero, a mi modo de ver, ese no es el camino tampoco. Como ciudadanos democráticamente damos valor a instituciones que deben velar por que la representación se cumpla y esta herramienta de participación cívica pasa por encima de toda institución. No podemos estar llamando a plebiscito para todo porque eso hablaría muy mal de la política chilena. Y no me refiero a los políticos en sí mismos, me refiero a la forma en que se hace política en el país, desde la junta de vecinos hasta el gobierno.
Sin embargo, hay un plebiscito que no podemos desestimar, ese es el plebiscito revocatorio. No debemos olvidar que Sebastían Piñera es un empleado público más, y que si un empleado cualquiera tiene en su trabajo un 26% de aprobación simplemente se le despide. ¿Estamos dispuestos a permitir que se cumpla un período completo al mando de un grupo de personas que no representan a la mayoria? Definitivamente Chile necesita una medida de control mucho más poderosa que los paros y las marchas. Eso requiere que participemos todos, jovenes y viejos, de izquierda y de derecha. Y más importante aún, requiere que participemos siempre, cada cuatro años no es suficiente.
Desde 1990 que se habla de la vuelta a la democracia, ese retorno a una participación ciudadana y sepultura a un período dictatorial. Comenzó una democracia que dejó atrás diecisiete años de dictadura, pero ¿los veinte años que gobernó la Concertación fueron realmente democráticos? Desde casi todas las perspectivas, sí, fueron gobiernos democráticos, pero desde un punto de vista reflejaron una Dictocracia.
El real paso a una República democrática es ahora, con el gobierno de Sebastián Piñera, pero no porque gobierne la derecha y todo eso, sino solamente porque recién se produjo la instancia básica que necesita la democracia para subsistir: la Alternancia. Pese a la alternancia del poder, seguimos viviendo en una dictocracia, y eso sólo se debe a la poca representación que tiene la ciudadanía en el gobierno.
Entonces el problema no es quien gobierne; puede ser la extrema izquierda, la concertación, el independiente, la alianza, o una extrema derecha, puede gobernar cualquiera y tendrá el mismo problema: la ciudadanía no se ve representada.
Chile es una república democrática (Art. 4 de la Constitución Política), y esa democracia es Representativa, pero ¿dónde está esa representación ciudadana? En el Congreso nacional, el que una de sus funciones es ejercer la representación de la ciudadanía, pero nuevamente ¿dónde está esa representación? ¿Te sientes representado en la cámara de diputados por esa persona que salió electa en tu distrito? ¿Es esa persona que representa a tu región en el senado la voz de tu región?
Yo no me veo representado, ni siquiera en instancias menores como las municipales, y eso que soy ciudadano. Creo que no soy el único -y tampoco una minoría- los que no nos sentimos representados en este sistema. Las diversas manifestaciones sociales por hidroaysén, monsanto, los mapuches, homosexualidad, y la de mayor peso ciudadano, la estudiantil, son el fiel reflejo de éste problema, son el sinónimo de la no-representación. ¿Cuál es la idea de ser ciudadano y sólo tener voto para elegir un representante que no te representa? El que le encuentre una lógica, y que sea práctica, puede explayarse.
El gran problema de esta no-representación ciudadana está basado en la mala organización de nuestro sistema político representativo. No existe mayor comunicación representante-representados, ¿alguna vez se ha anunciado una asamblea, o un foro, en donde estén concejales, alcaldes, y diputados de un distrito recabando las problemáticas ciudadanas? ¿Alguna vez has asistido a una instancia junto a los senadores -que representan tu región- exponiendo los posibles proyectos de ley para el desarrollo y mejoras de esa región? ¿Dónde está la representación ciudadana que representan los parlamentarios? ¿Dónde está la representación de los ciudadanos, de los votantes?
Este problema es el que limita el desarrollo (igualitario) de este país, y la solución de dicho problema está en la participación ciudadana. Se necesita cambiar la constitución, se necesitan plebiscitos para que la ciudadanía pueda dar su voz y voto, se necesitan instancias en donde la ciudadanía pueda dialogar con sus representantes en el Congreso, se necesita un sistema parlamentario nominal, no el bi-nominal de ahora.
Se necesitan cambios, y el primero que se debe hacer atañe a la juventud, esa que desde los 21 años puede ser diputado y representar la voz de una parte de la ciudadanía. El primer cambio es sobre la mentalidad y perspectiva de política. El cambio está en éstas generaciones, y las condiciones, constitucionalmente, están. ¿O prefieres que te siga representando un dinosaurio?
El sábado seis de agosto fue la fecha escogida para que los trasandinos de Shaila se tomaran nuevamente los escenarios, esto en el marco de la celebración de sus 17 años como banda. Cuatro fechas destinadas para rememorar su carrera, dos en Argentina y dos en Chile. Santiago fue el lugar elegido para que la celebración tomara forma, y lo que viene ahora es el recuerdo de ese día, ese Yo estuve en Shaila, sus 17 años.
El show de Santiago estaba marcado por la cantidad de bandas invitadas: Ventura, Super Knockers, 20 CM, Nosindependencia, Sin Perdón, y Dead Fish. Cuando llegué al 334 ya habían tocado unas cuantas bandas y el turno era de Nosindependencia; su presentación prendió unos cuantos mosh, la gente respondió y demostraron que son una carta vigente de las bandas hardcore-punk chilenas. Pese a esa vigencia, a mi parecer, es una banda que se encuentra estancada, que no tiene mayor variedad que ofrecer, esa percepción quizá es porque poco los conozco.
El turno siguiente fue para Sin perdón, y de las bandas chilenas que tocaron (y de las que vi) ese sábado, a mi juicio, ellos fueron los más sólidos. Con sus últimos temas se quitaron (en parte) ese cartel de banda emo que la gente les puso por ahí entre el 2004 y 2005. Aunque no vi la presentación completa, los escuchaba igual; son acoplados y hacen responder a la gente. Si presentan nuevas canciones quizá los veamos en escenarios importantes fuera de Chile.
De las todas las bandas que se presentaron ese día, los más célebres (aparte de Shaila) fueron los brasileños Dead Fish. Poco y nada los conocía, como muchos otros ese día, iba por los argentinos. Igual vi el show completo: su sonido era notable, los tipos tocaban bien en conjunto y no había uno que sobresaliera. En casi todas sus canciones se formaba el círculo para moshear sin necesidad que el vocalista hiciera el gesto con la mano. Dieron sus cuantos mensajes, pero faltaron los subtítulos en directo (jaja). Estuvieron sus buenos minutos en el escenario y no aburrían a la gente. Aún no escucho algo de estudio para hacer las diferencias, pero prefiero quedarme con su sonido en vivo.
Después de todas esas bandas, y ocho meses sin tocar, por fin salía Shaila al escenario: su presentación partió enérgica, y desde un principio se mostró ese gusto que tiene la banda por el contacto con el público, esa necesidad que tienen por escuchar la voz de la gente. La elección de Santiago como inicio de sus 17 años no fue al azar, fue la representación de lo importante que es para ellos la voz de los chilenos, público que los ha acompañado a lo largo de (casi) toda su trayectoria.
El set-list que iban mostrando era una repasada a todo lo que ha sido su carrera. La gente no bajaba la voz, no bajaba los brazos: seguíamos cantando, gritando, saltando, mosheando, a las finales, disfrutando. En cada canción había una lluvia de patadas, gente que se dejaba llevar por la marejada que hacían las manos, incluso, Joaquín (vocalista) se dejó llevar al público en unas cuantas –varias– ocasiones. Como era de esperar, los temas iban acompañados del discurso de la banda, ese discurso político-social que acompaña sus letras, unos cuantos mensajes de apoyo al movimiento estudiantil que vive nuestro país y otras cuantas dedicaciones varias.
Musicalmente, su sonido es de un nivel elevado, demuestran en escena los 17 años juntos, y pasa por alto los ocho meses sin tocar –y de distanciamiento dentro de la banda–. De todas sus visitas a Chile, no había tenido la oportunidad de verlos en vivo, siempre me quedaba con las ganas, pero desde el sábado pasado que los pude ver comprendí que su mejor formato es ese .live; las guitarras se complementan, la batería te hace llevar el ritmo con la cabeza y el bajo no se pierde –como suele pasar en melodías hc-punk–, y la voz no pierde presencia, se hace más fuerte con la voz del público y no hubo pérdida alguna en cada canción que interpretaron. Lograron esa versatilidad al tocar temas pegados,con distintas variaciones al empezar o alargar el final de alguna canción.
Como señalé anteriormente, la lista de canciones recorrió ampliamente su carrera. Quizá el gran ausente de esa noche santiaguina fue Valparaíso, canción que muchos la pedimos, pero que no estaba en la lista para ese sábado. Fue una hora y media, quizá un poco más; fue un concierto, recital, show, como lo quieras llamar, en donde la energía, disposición, reciprocidad banda-público, la solvencia, y el recibimiento a los del otro lado de la cordillera como si fueran oriundos de éstas tierras, se presenció de principio a fin. Fue una entrega constante que sólo arrojaba aplausos y gracias.
Espero no se pierdan de los escenarios santiaguinos, y la consigna de Latinoamérica nos está quedando chica logre tomar eco y lleguen a escenarios regionales, y sus buenas letras lleguen a buena parte del globo. A esperar también si se materializan unos cuantos temas nuevos, cualquier novedad estará acá con su pertinente review.
Una semana ha pasado desde el estreno del nuevo videoclip de ROSEwell, y con ello, del show que presentaron junto a Admira mi desastre, yDivide &Conquista. Tres bandas nacionales donde una va emergiendo, otra va hacia la consolidación, y una está consolidada. Lo que viene a continuación es yo estuve en el lanzamiento de Versos/Furia: Rosewell en la SCD Vespucio.
Los encargados de prender a la gente fue Admira mi desastre, banda que se le suele apuntar con el dedo y decir que tocan post-hardcore. Venía con una visión fresca de lo que hacen en vivo porque los vi junto a The Almost en abril pasado (banda del exvocalista y batero de UndeØath), y al verlos en la scd fue la misma percepción: son una banda ‘afianzada’, de esas que demuestran el tiempo que llevan tocando juntos. Tienen canciones interesantes, de buenas composiciones, aunque les pesa el repertorio limitado de temas; a esperar un nuevo EP, o de lleno un disco que les posicione el nombre en la escena.
Es dicifil saber ya en que va a terminar la cosa hoy. Yo hace tiempo me las di de Yolanda Sultana e hice mi pronostico. Parece que no me equivocaba tanto.
Las demandas parecen ser loables y muy lógicas, pero creo que hoy el apoyo nacional al movimiento de los estudiantes ha decaído. Parece ser que las personas ven demasiada obstinación y falta de realismo en lo que los protestantes quieren lograr. Eso es un golpe importante a todo el movimiento porque cuando el país apoyaba a los jóvenes, al gobierno no le quedaba otra que sumarse y no quedar como los malos de la película. Pero ahora que ese apoyo se empieza a diluir, el gobierno comienza a agarrar un pedazo del mango del sartén y se da el lujo de reprimir una marcha desde el inicio.
Los estudiantes han logrado cosas que realmente son importantes. Las propuestas del gobierno, aunque no son exactamente lo que los jóvenes piden, son (algunas) pasos importantes a un justo sistema de educación.
Para mi ya es hora de decir basta. Se han logrado cosas que valen la pena celebrar y el costo en clases y en plata ya ha sido suficiente. La educación no se va a mejorar completamente en esta generación y debemos ser realistas en ese sentido.
Por mi parte es la última columna que le dedico al tema de la educación. Creo que el tema ya no da para más y espero por el bien de muchos sectores, incluyendo al de los mismos estudiantes, que la respuesta a la propuesta del gobierno sea positiva. La fuerza se debilita y es mejor terminar como vencedores que insistir por metas imposibles y terminar con un costo que ya nadie esta dispuesto a pagar.