lunes, 18 de julio de 2011

Rápido, que la vida se te va…

¿Cuántos de nosotros hemos dicho alguna vez algo como no tengo tiempo? Creo que (casi) nadie se escapa del pensar que el tiempo es poco. Ese sentir que se te pasa rápido la vida. Estamos en julio, ad portas del segundo semestre, y muchos podemos mirar el ayer con esa sensación que se han pasado rápido las horas, días, semanas, meses, y tus años. Eso, es la celeridad que nos ha atrapado.

Se ha afirmado por ahí que somos esclavos del tiempo, que el tiempo es dinero, que el tiempo acá, el tiempo allá, que lo perdemos, que no lo podemos volver, etcétera, pero ¿alguno logra notar esa celeridad del día a día? Está de una manera muy implícita, algo como en el subconsciente de cada uno, y si lo llegas a apreciar, comprendes que puede tener algo positivo y negativo (como todas las cosas), pero de la manera que sea, convivimos con ella; y es la celeridad la gran compañía de ésta época.

Basta con volver en sí unos minutos y ver el cómo se te pasa el tiempo; y de ahí, cada uno sacar sus conclusiones y cuestionantes frente a tú tiempo. Viven apurados, viven contra el tiempo, viven creyendo que rápido es igual a eficiencia -y cosas similares-, y ese viven, es vivimos.

¿Es la celeridad la que hoy en día se lleva la vida de nosotros, esa Parca del siglo veintiuno? No haga todo apurado, no es necesario competir con el tiempo y tratar de ganar esa carrera; sentarse a observar el cómo viven esto los demás, te hace ver el cómo lo vives en conjunto. Todos vivimos apurados y contra el tiempo, es ese algo que está presente, pero silencioso. Pero, no porque todos así vivimos, debe así seguir.

Y tú, ¿cómo vives la celeridad hoy en día? Todos tenemos una respuesta…

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