Junio se acabó y dejó una clara marca; fue el mes de las manifestaciones sociales en Chile. Si bien el descontento por la educación es lo que más mueve a las movilizaciones en estos momentos, no es sólo ese factor por el cuál la ciudadanía responde, sino que es una convergencia de varios sectores. El mes pasado también nos deja una pregunta: ¿hasta cuándo se sigue concibiendo una manifestación como algo violentista y negativo?
Primero, como paréntesis, contextualicemos un término. Aun no comprendo la connotación que se le entrega a la palabra manifestación; yo la entenderé por una respuesta colectiva de la ciudadanía frente a tópicos que develan cierto malestar, y tal colectividad expresará sus inquietudes y propuestas de la manera que ellos consideren más efectivas. En esto último, creo que es donde los medios de información le atañen el lazo con la violencia y todo ese ámbito negativo que refleja una persona al reaccionar frente a la palabra protesta. Ahora bien, veamos el aspecto que se omite: el positivo.
Internet, en concreto Facebook, ha sido la herramienta más útil para la masificación de un descontento social; a través de ese medio se han entablado diversas propuestas de manifestaciones, desde paros y marchas nacionales, hasta flash mobs con mensajes claros. De la manera que sea, todos estos tipos de manifestaciones ya no son lo que más muestra la televisión (violentistas tirando piedras, palos y molotovs a las FFEE), sino que cada día se enmarcan más en una concepción pacífica. Ahora una manifestación es algo más allá de mostrar el descontento; se busca por un lado crear conciencia social, y por otro, se busca informar a la ciudadanía que le sigue creyendo todo a la televisión mientras que en gran porcentaje ésta sólo desinforma.
Veamos un par de ejemplos con la educación: son 1800 horas las que se están corriendo por la educación; son 1800 kilómetros los que se pedalean por la educación; ha habido varios suicidios (simbólicos) masivos por la educación; hace unos días se presenció Thriller por la educación y en los días siguientes será un Gaga-so con la adaptación de la canción Judas de Lady Gaga; en las marchas se han visto variadas propuestas artísticas y de carácter cultural con las posturas. Se puede seguir con la lista y a lo que se llega es lo mismo; una manifestación no es negativa en su esencia, y su función principal está siendo llegar a la ciudadanía causando extrañeza, y como el chileno se atrae de los conglomerados y se acerca y forma opiniones, la mejor manera de informar está en éste impacto social que se consigue con intervenciones urbanas.
Entonces, el por qué se sigue comprendiendo una manifestación como algo negativo, es en gran parte por los medios que omiten una buena parte de la información, y otro punto, es porque Chile tiene un pasado en conflicto con las manifestaciones violentas, y tal conflicto se ha traspasado en generaciones como hechos, siendo que son sólo valoraciones. Ahora, el cambiar las concepciones está en nosotros, en estas generaciones que se manifiestan y se les otorga el carácter de ser la fuerza de cambio. La vía está bien edificada, se debe seguir consolidando y siendo más efectiva, se debe pretender a la entrega de información concreta –tanto las problemáticas como propuestas de mejoría– y ser consecuente con lo que se propone al rechazar los actos violentistas.
Siempre existirá un grupo menor que se manifieste violentamente, pero es la mayoría la que debe estar en constante búsqueda de disminuir tales actos y así unificar un mensaje; que se hable de lo que se propone y no de cuántos detenidos tuvo una marcha.
Estamos en el camino de una sociedad desarrollada –en plenitud–, manifestémonos en los cambios que necesita la sociedad, informémonos y difundámosla. No se debe pretender a ser todos revolucionarios, sino que todos tengamos conciencia social y tener clara la noción de que un país en constante cambio para el desarrollo, debe también proceder de la misma manera en las constituciones.
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