viernes, 17 de junio de 2011

El devenir de una movilización

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Un jueves 16 de junio se registró una de las manifestaciones más grandes en el sector educación. Entre estudiantes de las universidades del Cruch –o tradicionales, si se prefiere-, universitarios de privadas, estudiantes secundarios, el colegio de profesores, y tanta gente que se adhirió al paro nacional convocado por la Confech, terminaron entregando una cifra que oscila entre los cincuenta, cien y doscientos mil manifestantes en todo Chile; esto varía en cada medio de comunicación, y recurrir a una cifra concreta como que se manifestaron ciento treinta y cuatro personas, es tan limitado como pensar que Lavín quedó contento con la movilización, en fin.

Para diversos sectores, tal convocatoria tuvo resultados positivos y es un fuerte avance en la unificación nacional frente a las demandas de mejoras sociales; pasó de ser un problema sólo de la educación a un problema político nacional que debe conllevar una modificación definitiva en la constitución. Para el gobierno, en cambio, sigue siendo el peor camino para entablar las negociaciones, o como el Ministro lo llama, diálogos; ‘mientras estén movilizados, no podemos conversar’ es lo que sostiene el Ministro, e insiste en que tales movilizaciones sólo perjudican a la sociedad, a las personas que quieren realmente estudiar...

A mi juicio, tal postulado de Joaquín Lavín, cae en el sesgo de que salir a la calle es la forma de evadir las responsabilidades de las actividades diarias y que sería la forma de expresar el descontento en época de dictadura o una manifestación retrógrada que no corresponde al siglo XXI en un país que aspira al desarrollo. Pero no logra comprender que si la ciudadanía sale a la calle, no es porque no quieren estudiar, no es porque no quieren trabajar, no es porque seamos una sociedad que no quiere avanzar y retrocedemos cada día más, sino que tales manifestaciones se fundan en los individuos que realmente quieren estudiar y trabajar, pero de manera digna, que la gente que hoy se movilizó o está de acuerdo con tal acción social no son vándalos en busca del oportunismo de delinquir, son los actores comprometidos en el futuro de un país más equitativo, igualitario, laico y no tan privatizado.

El problema que veo en el movimiento estudiantil actual es la diversidad de petitorios y posturas por cada organismo frente un solo tópico; la educación. Creo que se debe llegar a una Unificación Nacional Estudiantil que contemple tanto a secundarios y universitarios del ámbito público y privado, y que desde ahí se genere un petitorio nacional que sea representativo en totalidad a la realidad de la educación y que tienda a cambios significativos, incluso, radicales. Lamentablemente, eso suena bastante utópico, pero lo que es real, es que esta movilización debe pretender a lo máximo posible; el descontento de estudiantes superiores en 2005 conllevó la ley 20.027 –crédito con aval del Estado-; la revolución pingüina en el 2006 sólo maquilló la LOCE dando origen a la LGE; es decir, las soluciones que hemos tenido son sólo soluciones parches, y el 2011 no puede volver a tener tal respuesta, debemos ser maximalistas en lo que pedimos, no pensemos que somos ilusos en pedir des-municipalización de la educación, educación gratuita y fin al crédito con aval del Estado –solo un par de consignas de variados petitorios–. Seamos realistas y pidamos lo imposible, luchemos por cambios en la constitución y reformas reales hacia un bien social, no podemos aceptar soluciones inconclusas; el mismo gobierno ha señalado que este año, el 2011, es el año de la educación superior, seamos consecuentes con ellos y logremos las reformas necesarias para el país, no para la privatización y desigualdad. ¿Quieres ser la fuerza de cambio? Entonces infórmate, difunde, organízate y lo principal, actúa.

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