Sobre su cabeza, un aura pareciera salir de sus pensamientos, expandiéndose incluso más allá de los límites de la pintura. A su alrededor hay una energía que pareciera irradiar desde todo su cuerpo. Obviamente lo que hace es orar.
En torno a su cabeza hay súplicas en diferentes idiomas y de distintas religiones. No pude reconocer todos los idiomas, pero entre ellos están el árabe, el latín, el hebreo y el sánscrito, lenguas usadas en religiones como el Islam, el Cristianismo, el Judaísmo, Hinduismo, Budismo y Jainismo.
Su interpretación cambia dependiendo de quién lo analice. Nuestras creencias y nuestras verdades le dan al arte la belleza interpretativa que posee. Una vez entregada la obra pierde su sentido original y se llena de tantos otros significados como personas que la ven.
Personalmente creo, Alex Grey quiso entregarnos en esta pintura un mensaje de fe. Dan lo mismo los dogmas, cultos o credos a los que nos aferramos, si realmente deseamos algo con el corazón y sabemos alinearnos, ser claros y concentrar todos nuestros pensamientos en lograr ese sueño, no habrá voluntad que nos impida alcanzarlo. Se trata de creer en ti mismo.
Somos nuestros propios dioses, creamos a merced nuestro destino y nuestro futuro. No hay genio más grande que el de tu mente para concebir y no hay fuerza más grande que la de tu corazón para actuar. Unirlos es todo lo que necesitas para hacer de tu vida lo que quieras. Si puedes creer, puedes crear.
Es una gran pintura que, además de poder apreciarse con los sentidos, se puede apreciar también con la razón.

No hay comentarios:
Publicar un comentario