Alguna vez Santiago tuvo la playa de Lavín, y sería la única vez que tendríamos algo como el litoral; eso hasta el 16 de noviembre, día que aterrizaron en Chile los australianos de Parkway Drive para hacer su propia playa con juegos de azar y mujerzuelas, con botes, cocodrilos, flotadores, pelotas, y hartas olas de gente para que surfearan sin parar. Y el 334, ayudó a crear un verano sin sol.
Un silencioso samsara fue remeciendo las aguas; unrest se encargó de subir la marea y decretar alerta amarilla en la playa 334. Cinco minutos y la oleada de gente recibía los primeros piqueros. boneyards no calmaba las aguas navegadas por flotadores, un bote y un cocodrilo. Se anuncia smoke ‘em if ya got ‘em, pero suena idols and anchors; se cambian de turno para preparar la gran ola que surfearía smoke ‘em. The siren’s song subía a alerta roja y los piqueros, bombazos, y gente flotando en la marea de gente no paraba.
Después de tanto piscinazo era hora de bailar, y el primer baile acuático fue por parte de sleepwalker, el segundo no sería un baile, sino un torbellino submarino hecho por karma. La alerta roja no se bajaba por nada, y dead man’s chest, deliver me,y gimme a D se encargaron de mantener esa alerta roja, que poco le importaba a los bañistas que seguían dándoselas de clavadistas. La tranquilidad de las aguas llegó con home is for the heartless, pero es esa calma de metalcore, que al final mantuvo la marea alta igual.
Cuando Winston dice this is the last song, please have fun,y se escucha un noooo como respuesta; el vocalista invoca un sismo grado 6 al decir que la última canción es romance is dead. La marea subió y la gran ola de quince metros reventó en el escenario cuando se grita un tremendo so cry me a fucking river, bitch! Se van, las olas revientan con botellas de náufragos pidiendo otra canción más, y los australianos llegan con un maremoto: carrion. Las olas suben a treinta metros y los australianos las surfearon como si fueran olas de La Serena; el bote desapareció y el cocodrilo estaba listo para ser botas o billeteras, y la gente, igual como si hubiesen estado una hora metidos en el mar.
Creo que faltó otra banda; un 2x1 con bandas de afuera, o un par de bandas nacionales. El 334 no tiene el mejor sonido, pero filo, los australianos sonaron bien, y el pito en el oído todavía me acompaña como recuerdo. La ida a la playa terminó y me dejó en Santiago Centro en traje de baño y una polera empapada con la marea de Parkway Drive; y esa gran sensación de importarme nada que estuviera Pearl Jam, que tuviera una prueba, que resfriarse, que esto, y lo otro, nada importa después de ver a una banda que llevas sus buenos años esperando.
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